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Quis sicut Deus?

 
 
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CAPITULO 7

CONCLUSIÓN

 

A. Valoración acerca de los seminarios.

 En la Exhortación apostólica, Postsinodal Pastores Dabo Vobis, se remarca:

            Los Padres sinodales, en su Mensaje final, han expuesto de forma inmediata y profunda el significado original y específico de la formación de los candidatos al sacerdocio, diciendo que «vivir en el seminario, escuela del Evangelio, es vivir en el seguimiento de Cristo como los apóstoles; es dejarse educar por él para el servicio del Padre y de los hombres, bajo la conducción del Espíritu Santo. Más aún, es dejarse configurar con Cristo buen Pastor para un mejor servicio sacerdotal en la Iglesia y en el mundo. Formarse para el sacerdocio es aprender a dar una respuesta personal a la pregunta fundamental de Cristo: "¿Me amas?" (Jn 21, 15). Para el futuro sacerdote, la respuesta no puede ser sino el don total de su vida » .

 

Por lo que queda más que claro, que el llamado al seguimiento de Cristo es un llamado a dejarlo todo, y seguirlo, seguir sus pasos e imitarle:

             La necesidad del Seminario mayor _ y de una análoga Casa religiosa de formación _ para la preparación de los candidatos al sacerdocio, como fue afirmada categóricamente por el Concilio Vaticano II,

ha sido reiterada por el Sínodo con estas palabras: « La institución del Seminario mayor, como lugar óptimo de formación, debe ser confirmada como ambiente normal, incluso material, de una vida comunitaria y jerárquica, es más, como casa propia para la formación de los candidatos al sacerdocio, con superiores verdaderamente consagrados a esta tarea. Esta institución ha dado muchísimos frutos a través de los siglos y continúa dándolos en todo el mundo ».

        El seminario, que representa como un tiempo y un espacio geográfico, es sobre todo una comunidad educativa en el camino: la comunidad promovida por el Obispo para ofrecer, a quien es llamado por el Señor para el servicio apostólico, la posibilidad de revivir la experiencia formativa que el Señor dedicó a los Doce. En realidad los Evangelios nos presentan la vida de trato íntimo y prolongado con Jesús como condición necesaria para el ministerio apostólico. Esa vida exige a los Doce llevar a cabo, de un modo particularmente claro y específico, el desprendimiento _ propuesto en cierta medida a todos los discípulos _ del ambiente de origen, del trabajo habitual, de los afectos más queridos (cf. Mc 1, 16_20; 10, 28; Lc 9, 11. 27_28; 9, 57_62; 14, 25_27). Se ha citado varias veces la narración de Marcos, que subraya la relación profunda que une a los apóstoles con Cristo y entre sí; antes de ser enviados a predicar y curar, son llamados « para que estuvieran con él » (Mc 3, 14).

 

 B. La presencia del seminario en la diócesis de San Luis.

             En la diócesis de San Luis, han sido ordenados más de 50 sacerdotes, de los cuales, tres ya nos precedieron en su camino al cielo, y otros por diversas razones, que uno nunca llega a comprender dejaron el ministerio sacerdotal, y algunos que sin dejar su ministerio decidieron servir al Señor en otras diócesis.

            En síntesis, las gracias que ha recibido la diócesis, con la creación del Seminario, son infinitas, (y uno nunca llega a comprender la totalidad del misterio que trae entre manos el sacerdocio). Dios mismo que se hace obediente hasta la muerte y muerte de cruz, quiso que por las palabras del Sacerdote, el pan y el vino consagrados se convirtieran por la transubstanciación en su Cuerpo y su Sangre, para la salvación del mundo, en una entrega total de amor.

            Pensar que en nuestra diócesis tenemos la posibilidad de formar a estos ministros de los misterios de Dios, es una gracia infinita, y nunca tendrá el tiempo suficiente de agradecer.

            Pero más que palabras lindas, hacen falta hechos, que demuestren de manera coherente lo que se piensa, y para eso necesitamos como ya antes lo habíamos dicho de la oración, por las vocaciones, el Señor dijo:  «La mies es mucha y los obreros pocos.» (Mt. 9, 37). Hay que rezar para que el Señor se digne enviar, santos sacerdotes.

  1. Los Seminarios Mayores son necesarios para la formación sacerdotal. Toda la educación de los alumnos en ellos debe tender a que se formen verdaderos pastores de almas a ejemplo de Nuestro Señor Jesucristo, Maestro, Sacerdotes y Pastor, prepárense, por consiguiente, para el ministerio de la palabra: que entiendan cada vez mejor la palabra revelada de Dios, que la posean con la meditación y la expresen en su lenguaje y sus costumbres; para el ministerio del culto y de la santificación: que, orando y celebrando las funciones litúrgicas, ejerzan la obra de salvación por medio del Sacrificio Eucarístico y los sacramentos; para el ministerio pastoral: que sepan representar delante de los hombres a Cristo, que, "no vino a ser servido, sino a servir y dar su vida para redención de muchos" (Mc., 10,45; Cf. Jn., 13,12_17), y que, hechos siervos de todos, ganen a muchos (Cf. 1 Cor., 9,19).
  2.                 Por lo cual, todos los aspectos de la formación, el espiritual, el intelectual y el disciplinar, han de ordenarse conjuntamente a esta acción pastoral, y para conseguirla han de esforzarse diligentes y concordemente todos los superiores y profesores, obedeciendo fielmente a la autoridad del Obispo. ( OT: 4)
  1. Pastores Dabo Vobis Cap. 5: 60.