A. Principios.
Es importante tener en cuenta, para no confundir y equivocar el juicio, los aspectos esenciales que marcan la esencia de una persona, o en nuestro caso de una institución, y estos son los principios fundamentales, que guiaron a los formadores y seminaristas, a lo largo de estos años, en la formación de futuros sacerdotes.
Principios fundamentales:
- Piedad: Las dos fuerzas que sostendrán la vida espiritual del Seminario eran la Eucaristía en su triple dimensión: sacrificio, comunión y permanencia del Señor en el sagrario, y la filial devoción a la Santísima Virgen, en la imitación de sus virtudes, dando primacía a la vida de la oración y responsabilidad en el cumplimiento de la voluntad de Dios y de la caridad en base a la doctrina y el ejemplo de los maestros reconocidos de la vida espiritual. La formación espiritual tendrá en cuenta la regla-clave de toda praxis cristiana -praxis apostólica y pastoral, praxis de la vida interior y de la social- recomendada como medio esencial por S. S. Juan Pablo II en la Encíclica “Redemptor Hominis”, es decir, el conocimiento adecuado de la vocación y de la responsabilidad por esta gracia singular, única e irrepetible, mediante la cual todo cristiano construye el cuerpo de Cristo. Tendrá como meta la vida de la fe y el renovado descubrimiento de su relación vital con Cristo. La piedad será eminentemente sacerdotal, es decir, irá preformando la imagen de Cristo Sacerdote.
- Formación doctrinal: tendrá como fundamento el Magisterio ordinario y extraordinario de la Iglesia Católica en íntima unión con las directivas y orientaciones del Santo Padre y Sagradas Congregaciones; la doctrina de Santo Tomás de Aquino, tanto en el campo de las ciencias sagradas como en el de la filosofía, constituirá el núcleo de su enseñanza.
- Disciplina: estará informada por la “gran disciplina de la Iglesia” que debe conservarse en la vida de los sacerdotes y de los fieles, y orientaciones de los Romanos Pontífices. Esta disciplina irá forjando un estilo de vida recio y viril en el dominio de las inclinaciones, en el hábito de juzgar y comportarse en todas las circunstancias de la vida, según las máximas del Evangelio y los ejemplos de Jesús. Para este fin se dará gran importancia al silencio y al recogimiento.
- Pastoral: los seminaristas se iniciarán en una forma moderada y conforme a las exigencias de una formación progresiva de la práctica del apostolado.
B. Los primeros pasos.
Tenemos en nuestro poder el “Libro de Crónicas”, del Seminario Mayor «San Miguel Arcángel». En este libro en las primeras páginas encontramos:
2 de Mayo de 1982 “Domingo del Buen Pastor”.
Se inauguran las nuevas instalaciones del Seminario en El Volcán.
El edificio y la capilla fueron bendecidas en esa fecha por el Señor Nuncio Apostólico en la Argentina S. E. Mons. Ubaldo Calabresi. Asistieron al acto el Señor gobernador de la provincia y demás miembros del gobierno provincial.
Al finalizar el acto se rezó el “Regina Cœli”, en el comedor, donde previamente habló el Señor Nuncio, destacando la afluencia actual de vocaciones sacerdotales y religiosas en la Argentina y en el mundo.
Y con fecha del jueves 1º de julio de 1982, leemos:
Se cumple el traslado del seminario al nuevo edificio de El Volcán desde el primitivo edificio de la calle Lavalle 1239 en la ciudad de San Luis.
A las 21 hs. El Santísimo Sacramento es traído en procesión con cantos por el P. Padilla y los seminaristas desde la Parroquia de El Volcán a la capilla del Seminario
Viernes 2 de julio de 1982:
8:30 hs. En ausencia de Mons. Laise -a la sazón en Europa, buscando donaciones para construir el nuevo pabellón-, el prefecto de disciplina P. José Miguel Padilla celebraba la Santa Misa por vez primera en la nueva capilla. Se rezó la Misa votiva de la Santísima Virgen, en acción de gracias por todos los beneficios materiales y espirituales, con especial mención del Obispo y de los benefactores del Seminario.
Sábado 3 de julio de 1982:
Celebra la Santa Misa el R. P. Miguel Yonson, a las 8 hs., previo rezo comunitario de las laudes, que se rezaron por vez primera en la nueva capilla el día anterior por la mañana.
Durante el día continuamos los trabajos de instalación y de limpieza.
Por la tarde a la 20 hs. Se expuso el Santísimo Sacramento, se rezó el Rosario en comunidad y posteriormente las vísperas solemnes del domingo.
Lunes 5 de julio:
Se dictan las primeras clases en el nuevo edificio, a cargo de los profesores de Teología Natural (3º año). R. P. Miguel Ángel Yonson y de historia de la filosofía antigua R.P. José Ricardo Hayes (para 1º y 2º año).
C. Equipo de formadores.
El primer informe que tenemos sobre el seminario data del año 1981, y es el siguiente:
INFORME DEL AÑO 1981.
El año 1981 se inicia con el rectorado del vicario general, R. P. José Luis Cepero, contando con un equipo de tres sacerdotes permanentes a cargo de la prefectura de estudios (Pbro. Carlos Federico Guillot), Prefectura de Disciplina (Pbro. José Miguel Padilla) y administración (Pbro. Claudio Casseta). Además del director Espiritual del Seminario P. Estanislao M. Malec.
Ingresaron 11 nuevos seminaristas que se suman a los 10 del año 1980. Entre este nuevo grupo se encuentran seminaristas de las Arquidiócesis de Bahía Blanca y Añatuya a pedido de sus respectivos obispos.
De este modo quedan conformados dos cursos de filosofía a cargo de seis profesores, entre ellos un laico en la Cátedra de latín de reconocida vida cristiana y competencia en su tema.
La formación regular trató de ser completada con el dictado de cursos y seminarios a cargo de personalidades de mayor relevancia. Entre ellos el Titular de la Cátedra de Doctrina Social de la Iglesia, en la Pontificia universidad Santa María de los Buenos Aires, Dr. Carmelo Palumbo, refiriendose al “Orden natural según santo Tomás de Aquino”, complementando a la cátedra de ética dictada. Por esta misma Cátedra fueron invitados el Prefecto de Estudios del Seminario Mayor de Paraná, R. P. Dr. Alfredo Sáenz S. I. Quien dicto un curso sobre “Ética social”, y el profesor Antonio Window de la Universidad Católica de Valparaíso (chile), quien dictó un curso sobre “El orden natural en el pensamiento Pontificio”. Finalmente de la misma universidad Católica de Valparaíso el Pbro. Dr. Miguel Poradowsi dictó un curso sobre: “la actualidad e importancia de la Rerum Novarum”. En el aniversario de la misma. Es de notar que parte de estos cursos fueron reiterados por la noche ante laicos, lo cual fue una gran aporte del Seminario en la formación de los seglares.
En el orden espiritual y disciplinar se trabajó insistentemente en los criterios del último documento de la Sagrada Congregación: “Sobre la Formación espiritual en los seminarios”, especialmente comentada por el Señor Obispo en sus reuniones semanales con los seminaristas y profesores. Como también en las pautas del reglamento del Seminario.
Como tónica general se observa en los seminaristas una seria preocupación tanto en lo que toca al cultivo de la vida de oración (especialmente Eucarística y mariana), como el interés por una sólida y profunda formación a la luz del Magisterio de la Iglesia y de Santo Tomás de Aquino, creándose un clima de trabajo e investigación muy alentador para enfrentar su futuro sacerdocio.
Años más tarde, el sueño se hacía cada vez más real, y así nos lo indica el siguiente informe del año 1987, y que nos dice:
Con la conclusión del período de vacaciones se inició la convivencia anual de los seminaristas mayores, llevada a cabo desde el 16 de enero hasta el 6 de febrero. El lugar elegido para congregar a nuestros futuros sacerdotes en el descanso y la intensificación de las relaciones fraternas fue el mismo seminario.
Durante este período los jóvenes pudieron disfrutar de algunas excursiones y paseos por el interior de la provincia, como así también del deporte, y las actividades al aire libre.
Ya concluyendo esta etapa, comenzaron los preparativos, para realizar las misiones diocesanas, del presente año 1987. Conviene destacar que el período de convivencia, los seminaristas colaboraron como durante todo el año en el mejoramiento y mantenimiento de las instalaciones, y alrededores de nuestro establecimiento.
Las misiones se realizaron desde el 7 al 20 de febrero, entre zonas distintas de la Diócesis: desde la Vicaría Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa, se atendieron pastoralmente los nuevos barrios urbanos AMMPYA y Policial, bajo la dirección del párroco zonal: Pbro. José Miguel Padilla; desde la Vicaría de San Antonio, el barrio 208 viviendas bajo la supervisión del Pbro. Valeriano Ríos, administrador Parroquial de la Zona, desde la Parroquia urbana Nuestra Señora de Fátima, la zona rural de san Jerónimo, y la Calera, bajo la dirección del Pbro. Jesús Montre, y la asistencia permanente del Pbro. Atilio Cengarle, Director Espiritual del Seminario Diocesano.
En la primera semana de marzo, exactamente el lunes 2, el Señor Obispo pronunció la Lectio Brevis inaugural del año lectivo; inmediatamente después de concluido el Retiro Espiritual Anual, predicado por el obispo de Villa María (Cba.), Mons. Alfredo Disandro, desde el 23 al 27 de febrero. A la Lectio Brevis, asistieron algunos miembros del cuerpo docente del seminario.
El primer fin de semana del mes en curso también se iniciaron, las tareas apostólicas de la formación progresiva de los candidatos al sacerdocio, bajo la asistencia directa del director espiritual, y de los sacerdotes a quienes les fueron asignados los seminaristas.
De distintas maneras todo el seminario fue preparando la visita apostólica a la Argentina de S.S. Juan Pablo II, en el marco del Quinto Centenario, de la evangelización en América. A diario rezamos en común la oración preparada por la Conferencia episcopal Argentina, para este Magno acontecimiento y otras obras piadosas sugeridas por formadores y formandos. El 7 de abril en la ciudad de Mendoza, pudimos gozar de la presencia del Sumo Pontífice, en su visita a todas las diócesis de Cuyo. La ocasión fue por demás edificante para cada uno de nosotros, para todos los presentes, para Argentina y para el mundo entero, particularmente por le tema de la paz, tratado particularmente por el Obispo de Roma. Sin lugar a dudas, este fue uno de los puntos más álgidos para la vida de nuestra diócesis, para nuestro Seminario, y para nuestros queridos seminaristas.
Además pudimos seguir el itinerario papal en algunos eventos, como la Jornada Mundial de la juventud, el Domingos de Ramos, en Buenos Aires.
Durante la Liturgia de la Semana Santa, los seminaristas asistieron al Señor Obispo en las celebraciones. Así se prepararon las ceremonias de la Misa Crismal, la Misa de la Cena del Señor, la Liturgia del viernes Santo, la Vigilia Pascual y la Solemne Misa de Resurrección.
Los días 1, 2 y 3 de mayo, se llevaron a cabo las fiestas del Santo Cristo de la Quebrada y del Santo Cristo de Renca, a las cuales asistieron como colaboradores un numeroso grupo de seminaristas, particularmente a la primera. Por otra parte, al celebrarse el día 25 del mismo mes la fiesta patria, el seminario diocesano acompaño al Vicario General, que presidió el solemne Te Deum en la Iglesia Catedral.
En el mes de junio vivimos intensamente la devoción al Sagrado corazón de Jesús; en las vísperas de cada jornada se expuso solemnemente el Santísimo Sacramento para la adoración de la comunidad.
Desde el 17 al 28 de julio tuvo lugar el período de vacaciones invernales. Y desde el día 29 hasta la mañana del 1º de agosto, el Obispo de Río Cuarto (Cba.), Mons. Adolfo Arana, como desde hace tres años, predicó el Retiro espiritual para todos los seminaristas que inician la segunda etapa del año lectivo.
Ya en el mes de junio, en la solemnidad de Pentecostés, nuestra pequeña Iglesia local, se vio enriquecida por tres nuevos sacerdotes, formados en nuestro seminario: los Pbros. Osvaldo Ignacio Daminato, Gustavo Mariuchi y Gustavo Méndez Medici. Pero también en este mes, casi en el corazón del año mariano, inaugurando en aquella oportunidad por el Papa Juan Pablo II, la diócesis de San Luis volvió a experimentar una gracia muy especial al ser ordenados dos nuevos sacerdotes: Pbro. Teófilo Nicolás Flores y David Bruno Picca, el 15 de agosto, en la solemnidad de la Asunción de la Bienaventurada Virgen María. En la misma oportunidad, la Iglesia local recibió a los primeros sacerdotes formados en San Luis, que obtuvieron la Licenciatura en Sagrada Teología en el Centro Romano de la Santa Cruz, dependiente de la Universidad de Navarra. Efectivamente los presbíteros Eduardo Juárez y Carlos Terceiro, regresaron a San Luis, en esos días y pronto iniciaron el apostolado docente en nuestro seminario.
Poco tiempo después, hacia mediados de septiembre, otros dos sacerdotes partían al mismo Centro Romano, para obtener el mismo título de licenciatura en Sagrada Teología y en Derecho Canónico, con miras a seguir aumentando y consolidando el plantel de profesores. Los presbíteros enviados son Carlos Cangiano y Alejandro Laudadío, respectivamente y que recibieron el Orden Sagrado en 17 de mayo de 1986.
La semana del seminario, que solemos celebrar antes de la fiesta de San Miguel Arcángel, y a la cual nos referimos más adelante, fue llevada a cabo en el mes de Mayo próximo pasado. Las fiestas de nuestro patrono, el Príncipe de la Milicia Celestial, fue precedida por la novena y presidida por nuestro Obispo.
El 3 de octubre, en la solemnidad de Nuestra Señora del Rosario del Trono, Patrona de la ciudad de San Luis, fue ordenado sacerdote el diácono José Luis Arce, sexto y último de los frutos -en el transcurso de este año- de nuestro pequeño sacerdote. Con esta inmensa alegría comenzamos a vivir con más intensidad el mes dedicado al Santo Rosario, y a las misiones en la Iglesia universal.
En noviembre celebramos el mes de María y concluimos el día el día 27, el ciclo académico 1987.
La primera semana de diciembre fue destinada a la preparación de los exámenes anuales y semestrales. Los mismos tuvieron lugar desde el 7 al 15 de diciembre. En la solemnidad de la Inmaculada Concepción, el Seminario entero asistió al Señor Obispo en al tradicional procesión por la calles de la ciudad capital.
También de este año tenemos información de la cantidad de seminaristas que tenía en ese momento el seminario:
38 seminaristas, en total, de los cuales 22 eran teólogos y 16 filósofos, 26 seminaristas pertenecían a la diócesis de San Luis, 8 a la diócesis de San Juan, 2 a la diócesis de Venado Tuerto y dos a la Sociedad de las Divinas Vocaciones (Vocacionistas), ambos del Brasil.
Sin lugar a dudasel seminario seguía creciendo, y los seminaristas aumentando, al igual que el número de los sacerdotes de la diócesis. Gran cantidad de sacerdotes ordenados fueron enviados a Roma (la Ciudad Eterna), para alcanzar una formación más profunda y poder dictar clases en el mismo seminario y colaborar de esta manera también, con el enriquecimiento de la diócesis de San Luis.
Habían pasado seis años desde, que se trasladara el seminario desde el antiguo edificio, hasta la nueva y actual residencia de los seminaristas, pero en esos años habían pasado muchas cosas, muchas personas y pero lo más importante era que el seminario había crecido (quizá no en número), pero si en vida espiritual, formación doctrinal, vida comunitaria, etc.
Y los frutos estaban a la vista, sacerdotes recién ordenados que se dirigían a Roma para formarse más profundamente, y otros que regresaban, todo sirvió para la mayor gloria de Dios y el bien de las almas.
D. Los primeros seminaristas.
En el “Diario de San Luis”, con fecha del 2/3/82, se encuentra la siguiente información:
La juventud de San Luis responde gozosa al llamado de Dios.
En el inicio del curso 1982, la diócesis de San Luis, ha recibido 15 nuevos candidatos para el primer curso de filosofía.
En la Misa de 20 hs. del sábado 27 de febrero, el Obispo de San Luis recibió, después de haber cursado 3 años de filosofía, a la teología a los seminaristas Omar Macega, Roque Antonio Gabutti, Guillermo Micheletti, Tomás José Orell, Marcos Juan, José María Corbelle.
En esta misma Misa, recibió las promesas de celibato y obediencia al Obispo de los seminaristas de 4º año de Teología Juan Micalizzi, Julio Moyano, Carlos Morales, Bernardo Juan, Daniel Rodríguez, Agustín Benitez y Juan Casamayor.
El próximo sábado en la Misa de 20 hs. en la Iglesia Catedral, conferirá el ministerio del lectorado a los seminaristas de 2º de Teología, Arturo Ruiz Freites, Juan Daniel Petrino, Carlos Alberto Olivera, Eduardo Nebelung, Miguel Fuentes, Miguel Speroni.
En la misma Misa, conferirá el ministerio del acolitado a los seminaristas de 3º de Teología: Reynaldo Anzulovich, Antonio Ruben Tula, Abel Arisi y Valeriano Ríos.
En la Iglesia Nuestra Señora de la Mercedes, de Villa Mercedes confirió el diaconado a Juan Casamayor, Daniel Rodríguez y Agustín Benitez.
En estas circunstancias las homilías del Obispo se refirieron al inmenso don y gracia muy particular a la diócesis puntana por el florecimiento de vocaciones y generosidad de los jóvenes en la entrega total e incondicional al servicio de la Iglesia.
Asimismo, se refirió al contenido teológico del orden del diaconado, en su especificidad de servicio de la Palabra en la Eucaristía y proyección de Amor a los hermanos, manifestó que el don del hombre a Dios es beneficiado en el mismo hombre con la irrupción de la mayor riqueza que pueda poseerse en la vida en la participación de la misma vida divina en un crecimiento sin ocaso hasta la visión y gozo de la divinidad para que Dios creó al hombre.
En una breve pero completa alusión a los seminaristas, podemos ver el gran número que había y muchos ya prontos a la ordenación: diaconal unos, sacerdotal otros. La diócesis crecía y si bien muchos de los que se mencionan tal vez no llegaron al sacerdocio, y por motivos que uno nunca llegará a conocer, otros abandonaron su ministerio. Lo cierto es que a pesar de todos los avatares el número de sacerdotes que se dedicaban al cuidado de las almas crecía y fortalecía de una manera muy especial la comunión entre los fieles de toda la provincia.
Ellos fueron los primeros, los que abrieron el camino, tal vez con dolor y hasta con incomprensión por parte de familiares, amigos, etc., pero gracias a ellos, nosotros hoy tenemos esta diócesis tan bendecida por Dios.
- Tomado de una circular con fecha del 11 de Febrero, Festividad de Nuestra Señora de Lourdes, de 1980.
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